Especial | Con las Cartas de la Dignidad, Bolívar enarboló las banderas de soberanía ante la insolencia de Estados Unidos

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Al cumplirse 202 años de las Cartas de la Dignidad, en respuesta dada por el Libertador Simón Bolívar, a las pretensiones injerencistas de Juan Bautista Irvine, emisario del gobierno de los Estados Unidos (EEUU), el pueblo venezolano junto a su Presidente Nicolás Maduro, enarbola como ayer, las banderas antiimperialistas y la determinación de ser libres y soberanos.

En 1818, específicamente el 12 de julio, arribó a Angostura el agente diplomático estadounidense Juan B. Irvine.

El emisario estadounidense llegó con el propósito de tres tareas específicas encomendadas por el secretario de Estado John Adams: Manifestar la simpatía de su país hacia las nuevas repúblicas que nacían en América del Sur; protestar por dos barcos (Tigre y Libertad), capturados por las fuerzas patriotas en el Orinoco y por último, esclarecer el curso que tomarían las relaciones entre su país y Venezuela después de las acciones de Isla Amelia, ubicada frente a la península de la Florida bajo control de España, y ocupada por un grupo de venezolanos, que izaron la bandera tricolor, en una acción que generaba contratiempos a la ambición expansionista de Estados Unidos en esa área.

Irvine, escribió dos notas a Bolívar el 25 y 27 de julio. El Libertador acusó recibo y le respondió el día 29, siendo esta la primera de diez cartas que va a escribir al diplomático estadounidense entre esta fecha y el 12 de octubre cuando data la última de ellas.
El tenor de la misiva de respuesta, da cuenta con cierta sorpresa que el tema único de interés de Irvine es el de las goletas Tigre y Libertad, es decir uno solo de los objetivos de su misión a Venezuela.

Además, rechaza y refuta la idea de Irvine en el sentido de que EE.UU era neutral en el conflicto que se vivía en Venezuela al recordarle que “No son neutrales los que prestan armas y municiones (…) a unas plazas sitiadas y legalmente bloqueadas”.
Posteriormente, Bolívar, vuelve a escribir a Irvine una carta larga y detallada el 6 de agosto, en la cual impugna punto por punto los argumentos entregados por el estadounidense, los propietarios de los barcos y los capitanes. En el caso de la Tigre, explica que, si bien los dueños no son responsables del delito, si lo es el comerciante que la fletó y conscientemente intentó violar las leyes de una república soberana.

A pesar de todas sus responsabilidades, Bolívar, no descansa ni da tregua a Irvine, tampoco deja pasar oportunidad de sentar las bases jurídicas de la razón del gobierno de Venezuela, para actuar como autoridad política del territorio que controla a través de los escritos.

Con erudito conocimiento de la historia y la jurisprudencia el Libertador va desgranando una a una las tesis de Irvine, haciendo uso de tratados y prácticas europeas en la materia, además de insistirle en la necesidad de empezar a conversar lo que estima es el asunto principal, es decir, el reconocimiento político de Venezuela como República independiente.

El 25 de septiembre, emitió una corta nota que contestaba mensajes de Irvine del 6 y 10 del mismo mes. En ella, vistas las circunstancias en que Estados Unidos y Venezuela no habían podido ponerse de acuerdo propone un arbitraje para que decidiera respecto del litigio de las goletas. Ese mismo día escribe una misiva un poco más amplia, en la que reitera los argumentos de Venezuela.

El 29 de septiembre redacta una nueva nota en la que replica las evidencias expuestas el 25, lamentando que Irvine en carta del 26, del mismo mes, las haya rechazado.

Esta situación conlleva una misiva de Irvine del 1° de octubre, en la que éste da por finalizado el debate por el tema de las goletas, juzgando que Venezuela actuó ilegalmente.

Bolívar, contesta el día 7, sin dejar pasar la oportunidad de decirle que se va a desentender del penúltimo párrafo de su carta por considerarla “en extremo chocante e injurioso al gobierno de Venezuela” y que para contestarlo sería preciso usar el mismo lenguaje de Irvine “contrario a la modestia y el decoro con que por mi parte he conducido la cuestión”.

Con firmeza, le dice a Irvine que no va a forzarlo a reciprocar los insultos, pero que aunque no lo hará, no va a permitir que él, “ultraje ni desprecie al Gobierno y a los derechos de Venezuela”.

Finaliza contundente: “Lo mismo es para Venezuela combatir contra España que contra todo el mundo entero, si todo el mundo la ofende”.

Después de todo, se despide con los usos protocolares de su elevada investidura, el respeto, la decencia y la alta responsabilidad que tiene al regir los destinos de Venezuela y su representación en el escenario internacional.

En esa oportunidad el Libertador de América actuó como un avezado Jefe de Estado en términos del manejo de la diplomacia, entendiendo la valía de establecer sólidas relaciones de amistad con Estados Unidos, sin dejar de salvaguardar los intereses soberanos de la naciente República.

En esta carta está plasmado el pensamiento antiimperialista del Libertador, la esencia de la política bolivariana de defensa y soberanía nacional así como la simiente de la convicción independentista.

T: Yuleisy Matheus

Yndira López


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