Especial| Hace 107 años nació Jacinto Convit, toda una vida dedicada a la salud y a la ciencia

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El reconocido doctor venezolano Jacinto Convit, nació el 11 de septiembre de 1913 en la ciudad de Caracas, en la populosa parroquia de San José, siempre interesado por el bienestar social, fue un importante médico que dejó a la ciencia maravillosos aportes como la vacuna contra la lepra, uno de los más importante de todos sus descubrimientos al igual que la cura de algunos tipos de cáncer.

El intelectual fue conocido también por su carácter humanista en el ejercicio de la profesión médica, dedicándose con gran esmero a proporcionar ayuda a las personas enfermas y desentendidas con el fin de ofrecerles calidad de vida y mejores condiciones, ganándose así con gran esmero el reconocimiento de millones de persona a nivel mundial.

“Yo nunca he ejercido privadamente, primero. Siempre he trabajado en los hospitales (…), La atracción es por dos cosas, primero, el servicio que se le presta al enfermo: mientras más necesitado se encuentre de este servicio más importante es”, comentó Convit durante una entrevista en el año 2010 publicada en Telesur.

En el año 1932 inició sus estudios de Medicina en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Posteriormente, estudió en Estados Unidos donde en 1950 y 1951 obtuvo los títulos de Licenciado y MSc en Química en la Universidad de Delaware, mientras que en 1954 tuvo un doctorado en Química de la Universidad de Tulane en Louisiana.

Durante los años 60 Convit estuvo interesado en lograr obtener el cura de la lepra.

La lepra o enfermedad de Hansen, es una enfermedad infecciosa crónica la cual afecta principalmente los nervios periféricos y la piel, así como otros sitios tales como las mucosas, los ojos, los huesos y los testículos. Sus complicaciones más severas son la desfiguración, la deformidad y la discapacidad (ya sea por el compromiso neurológico o la ceguera).

En este sentido el científico Jacinto Convit, colaboró en numerosos trabajos que enfocaron los aspectos bioquímicos y microbiológicos de la lepra y además presentó un método original de diferenciación entre el M. leprae y las otras micobacterias.

Como integrante del equipo médico del Leprocomio de Cabo Blanco, el cual estaba ubicado en el estado La Guaira, se dedicó al tratamiento clínico contra la lepra, mientras en la colaboración con el Dr. Martín Vegas iniciaba en la vecina comunidad del litoral central una campaña educativa destinada a erradicar la creencia colectiva de contagio de dicha enfermedad por simple convivencia con los leprosos.

Entre sus logros destacó el desarrollo práctico de la vacuna para Inmunoterapia e Inmunoprofilaxis de la Lepra, es decir para la cura de los afectados, que permitía potenciar su sistema inmunitario y para el control de la proliferación de la enfermedad.

Realizó también trabajos en la misma línea, con el abordaje de la Leishmaniasis, y mediante sus esfuerzos investigativos contribuyó con importantes avances en enfermedades infecciosas y parasitarias.

Desde su llegada a Cabo Blanco, Convit no descansó hasta obtener la vacuna contra la aciaga enfermedad. Gracias a sus trabajos, Venezuela se transformó en un centro de entrenamiento en lucha antileprosa, evitando el aislamiento de los pacientes con la enfermedad, introduciendo el tratamiento ambulatorio y cerrando las leproserías.

Fueron estas acciones que lo llevaron a que en el año 1987, le fuese otorgado el Premio Príncipe de Asturias en su mención científica y técnica, galardón concebido por el gobierno de España a las personas e instituciones iberoamericanas que han hecho significativos aportes en beneficio de la humanidad.

Tras sus investigaciones en enfermedades infecciosas y parasitarias, Convit venía desarrollando en sus últimos años investigaciones en el establecimiento de procedimientos de inmunoterapia en la patología del cáncer, las cuales se mantiene en fase experimental actualmente. Su último estudio lo publicó en 2013 a la edad de 100 años.

“Lo que yo espero es que, una vez que se desarrolle esta vacuna, sea efectiva. Sería un esfuerzo importante en haber encontrado un alivio; una cura para una infección tan dañina”. “No me quita el sueño ganar el Premio Nobel, pero si hallar la cura para el cáncer”, llegó a afirmar.

Reconocimientos

Su dedicación y su tenas esfuerzo a la ciencia médica fue reconocido por el mundo en 1988, cuando fue postulado al Premio Nobel de Medicina. Adicionalmente, fue Director del Centro Colaborador para Referencia e Investigación en Identificación Histológica y Clasificación de la Lepra (OMS) desde 1971, miembro del Consejo de la Facultad de Medicina a partir de 1973 y del Sistema de Promoción del Investigador en 1994; y recibió el Premio José Gregorio Hernández en dos ocasiones, la medalla Federación Médica Venezolana en 1987 y la medalla “Salud para todos en el año 2000” por parte de la Organización Panamericana de la Salud, así como el premio Príncipe de Asturias y la Legión de honor en Francia.

Además En el año 2003, la Asamblea Nacional (AN) aprobó por unanimidad un proyecto de reconocimiento a sus trabajos, enmarcado en el centenario de su nacimiento, vida y obra.

Dedicación y humildad fue la herencia que dejó el Dr. Convit, quien a pesar de su avanzada edad, no paro en buscar curas para sanar a enfermos desde su vocación, la cual fue suficientemente sólida al igual que su convencimiento de que un médico se gradúa para trabajar por la humanidad.

“Cuando se remedia la situación de pobreza y se tiene una buena organización de salud las enfermedades desaparecen. No hay mejor solución para el control de las enfermedades de cualquier tipo que elevar el estándar de vida de la población, y que disponga de las estructuras de salud adecuadas para el servicio y tratamiento”dijo Convit en el año 2010.

T: Alberdry Romero/ Yndira López


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