Especial| Manuela Sáenz: La “Libertadora del Libertador”, ejemplo de templanza y amor a la Patria

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Manuela Sáenz, la Libertadora del Libertador, cambió de paisaje el 23 de noviembre1856  a los 59 años de edad en la población de Paita, Perú. Hoy el pueblo de Venezuela y en especial las mujeres recuerdan el legado de lucha por la liberación de los pueblos que Manuelita lideró junto al padre de la Patria Simón Bolívar.

En nuestro país, se recuerda esta aciaga fecha de quien en vida fuera reconocida como la heroína de  la Independencia de América del Sur y como  una aliada clave en los esfuerzos revolucionarios de Bolívar. Manuelita le salvó la vida a Bolívar en el asalto que sufrieron en el palacio de San Carlos en Bogotá en 1828, y desde allí la llamó la “Libertadora del Libertador”.

Hablar de Manuela Sáenz, no es hablar sólo de la “compañera sentimental de El Libertador”, es hablar de una gran mujer que participó en muchas batallas, en pro de las ideas libertarias de los pueblos.

En 1820, se unió al movimiento para derrocar al virrey del Perú y cuando el general San Martín llegó a Lima, la condecoró por su labor en la lucha por la independencia.

También cuando Guayaquil proclamó su independencia el 9 de octubre de 1821, Manuela Sáenz, regresó desde Lima para colaborar con los patriotas, y después hasta Quito, en donde se estableció la batalla que liberó al Ecuador el 24 de mayo de 1822.

Es decir, además de estos hechos Manuela Sáenz, fue testigo o protagonista de los principales sucesos políticos y militares como las batallas de Pichincha y Ayacucho, el conflicto entre el Libertador y Santander, la rebelión de Córdova y la disolución de la Gran Colombia.

No obstante, después del fallecimiento de nuestro Libertador Simón Bolívar, el gobierno de Francisco de Paula Santander desterró a Manuelita Sáenz de Colombia, razón que la llevó a exiliarse a Jamaica, y aunque en 1835 regresó a Ecuador, tuvo que irse al pueblo de Paita en Perú, ya que su pasaporte fue revocado.

La muerte sorprendió a Manuelita Sáenz el 23 de noviembre de 1856, durante una epidemia de difteria que azotó la región. Su cuerpo fue sepultado en una fosa común del cementerio local de Paita en Perú, y todas sus posesiones fueron incineradas, incluyendo una parte importante de las cartas de amor de Bolívar y documentos de la Gran Colombia que aún mantenía bajo su custodia.

Muchos años después, el 5 de julio de 2010, durante la conmemoración del 199° aniversario de la firma del Acta de Independencia de Venezuela, y por diligencias realizadas por el Comandante Eterno Hugo Chávez, sus restos simbólicos fueron trasladados por vía terrestre desde Perú, atravesando Ecuador, Colombia y Venezuela hasta arribar a Caracas, y  reposan junto a los restos del Padre de la Patria, Simón Bolívar en el Panteón Nacional.

En el emotivo acto de recibimiento, nuestro Comandante Supremo dijo: “Gracias Manuela por volver. Aun cuando a Caracas nunca había venido Manuela, nunca vino físicamente, (…) ella es de toda esta Patria Grande. “Mi país —dijo— es esta América”. ¿Quién se lo quita? Nuestro país es este, nuestra Patria es nuestra América”.

Para el Presidente Hugo Chávez, el hecho de que los restos de Manuela Sáenz reposaran en el Panteón Nacional, significaba una reivindicación histórica al papel de la mujer en los procesos liberadores de nuestros pueblos. En este sentido, fue enfático al decir que “Manuela no es Manuela; son las mujeres indígenas, negras, criollas y mestizas que siguen y seguirán luchando por la dignidad de sus hijos y de la Patria”.

El Comandante, no dejaba de expresar su admiración por la Libertadora del Libertador, por eso escribió en su columna dominical “Las Líneas de Chávez”: “Con su estatura propia, con su herencia plena, con su fuerza indomable, la recibimos Generala, en medio del júbilo de un pueblo que, también la siente suya; de ella es toda la gloria: déjenos, a nosotras y nosotros, el cobijo de su alma inmortal con todo el fuego sagrado que la plena».

Hoy 23 de noviembre conmemoramos la muerte de Manuela Sáenz, y honramos a la mujer guerrera que fue y el gran amor que sintió por nuestro Libertador Simón Bolívar, de quien se dice expresó: «Vivo adoré a Bolívar, muerto lo venero».


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