Ezequiel Zamora, el líder radical que hizo morder el polvo a la oligarquía

Militar y protagonista, héroe y líder, defensor de la reforma agraria en favor del campesinado y luchador por la igualdad. Ezequiel Zamora, visionario y buen conductor de tropas; su legado es considerado como el más importante impulso popular del siglo XIX.

Nacido en Cúa, al sur de estado Miranda el 1° de febrero de 1817, en una población que hoy se denomina paradójicamente Municipio Rafael Urdaneta, en honor a otro de nuestros grandes próceres, pero que vio la luz por vez primera en territorio zuliano. Este error histórico no ha interrumpido el amor y la memoria absoluta que ese rincón ameno de Los Valles del Tuy, le ha profesado a nuestro General del Pueblo Soberano. Hoy Cúa es más zamorista que nunca, Chávez rescató su voz.

Militar y político apasionado, Zamora desciende de modestos agricultores, blancos de orilla, pero alejados de la clase aristocrática criolla. Ezequiel, de joven; asiste a la Escuela de Primeras Letras de Caracas, academia que abandonó al poco tiempo para ponerse al frente de su familia. Su padre, Don Alejandro Zamora falleció cuando apenas contaba con cuatro años de edad y luego de mudarse a Caracas, regresa hasta tierras más bajas para asentarse en Villa de Cura, comunidad de costumbres llaneras al sur de Aragua.

En aquella Villa, decide emprender como comerciante, capital derivado de la ganadería y de rubros agrícolas que despachaba hasta Guárico y Apure. Su seriedad y buen lenguaje, pronto le hicieron ganar una afamada reputación como hombre de leales convicciones. Campesinos, hacendados y pobladores diversos, se habían contagiado de las ideas liberales y patrióticas, infundadas por el incipiente Zamora.

Su carácter policlasista, se mostraba como la única alternativa para proyectar un cambio estructural en las andanzas sociales de la época. Zamora, transformado ya en líder popular, contaba con la bravura y firmeza para impulsar una doctrina completamente liberal; basada en las nociones fundamentales de filosofía moderna con principios de igualdad.

Fuerzas conservadoras, truncaron en 1846 la candidatura de Ezequiel Zamora al poder. Gobernaba en aquella oportunidad Carlos Soublette, protegido de José Antonio Páez; aquel artífice de la triste separación de la Gran Colombia. Eran tiempos de mandatos irregulares en contra del pueblo.

Ante aquel panorama, Zamora emprende un levantamiento en la localidad carabobeña de Guambra; es aquí cuando nace la proclama “Tierras y hombres libres”, con el objetivo de reclamar la reivindicación campesina, la justa distribución de las riquezas y la expulsión de los llamados godos, conglomerado afecto al conservacionismo y apegado a los puestos de poder.

Zamora en esta causa y en su condición de General al mando de las fuerzas populares, libró diversas batallas en las que resultó victorioso, tanto en Los Bagres como en Leones. Hasta que fue capturado por autoridades gubernamentales y sentenciado a muerte por entes judiciales de Villa de Cura. Zamora fue exculpado de tan alto precio y el dictamen en su contra fue rebajado a 10 años de encierro, al año de permanecer claustrado, en 1947, se escapa de prisión y emprende la reorganización de sus filas y de la lucha por los ideales de igualdad y soberanía entre semejantes.

El 24 de enero de 1848, hombres armados irrumpieron en el Congreso Nacional y disolvieron aquella asamblea por la fuerza. Los diputados debatían el enjuiciamiento a José Tadeo Monagas por presuntos delitos de corrupción. Tras ese hecho, Monagas quebraba toda alianza conservadora y comenzaba lo que se denominó El Monagato, mandato que acabaría en 1958. Durante esa década, José Tadeo y José Gregorio, se alternarían en el poder.

Paralelo a estas acciones políticas y violentas, Ezequiel Zamora permanecía bajo perfil en el estado Aragua; pero los hechos lo llevaron a ofrecer sus servicios militares a las autoridades gubernamentales. Los Monagas, le encomiendan la formación de un frente armado en Villa de Cura; aún en 1848, Zamora libraría luchas violentas y políticas contra alzamientos paecistas que se suscitaban a lo largo y ancho del país. Esto le valdría para alcanzar altos rangos militares en defensa de la República; en 1851 fue nombrado Coronel y en 1854, General de Brigada.

Zamora, ya para estas fechas, comparte ideales y ejercicios militares con Juan Crisóstomo Falcón, otro líder popular que llegaría a ser Presidente de la República más adelante en la historia y quien sería su cuñado tras enamorarse y contraer nupcias con Estefanía Falcón, su hermana, en 1856.

En simultáneo, la situación nacional parecía insostenible; con una economía en franca debacle y con un campesinado que seguía padeciendo la falta de tierras propias. Los esclavos, recientemente librados, no encontraban rumbo fijo y carecían de medios para la subsistencia. El estrato colonial se ha reeditado una vez más y los hermanos Monagas habían conformado una nueva oligarquía a la que llamaron liberal.

Por la fuerza, Julián Castro logró llegar al poder con base en el engaño de la “Revolución de Marzo”, y esta nueva unión gubernamental convoca a un congreso constituyente para redactar una Carta Magna. Dentro de las nuevas configuraciones gubernamentales, Castro decreta el exilio a destacados luchadores, entre ellos, a Ezequiel Zamora. El General del Pueblo Soberano tuvo que irse a la isla de Curazao. Es este hecho centralista y nuevamente conservador, el que detona la fuerza que emprende el inicio de la Guerra Federal en 1859.

Las clases desfavorecidas y excluidas, encontrarían en estos ideales federalistas, una nueva bandera que buscaba la construcción de una República Federal, órgano superior que remediaría el mal nacional de la desigualdad e impediría el retorno de potencias burguesas que aquejaron por siempre a La Patria.

El 23 de febrero de 1859, Ezequiel Zamora irrumpe desde la antilla holandesa en la Vela de Coro, promoviendo diferentes revueltas paralelas en toda Venezuela. La toma de Ezequiel fue posible gracias a sofisticados métodos de comunicación militar proporcionados por marineros extranjeros ganados a la causa federativa. Dos días después, el 25 de febrero, fue nombrado como Jefe de Operaciones del Ejército Federal en la demarcación territorial de occidente.

El plan zamorano, estaba destinado a avanzar por todos los estados occidentales de nuestra nación, impulsando la fundación de nuevas entidades que se integrasen de inmediato a la República Federal propuesta. Saliendo de Coro, donde había formado un gobierno provisional, se dirige a los llanos y gana el encuentro violento de El Palito. Zamora toma luego la ciudad de San Felipe en Yaracuy el 28 de marzo de 1859 y reorganiza a la provincia, como entidad federal.

El 14 de junio recibe el título de Valiente Ciudadano en Barinas, ciudad de estadía escogida por el General para plantear los nuevos desafíos a sobrellevar. En la misma Barinas, el 10 de diciembre de 1859, vence en la Batalla de Santa Inés; sitial importante en la historia porque es allí donde se acentúa la más preponderante pelea por la causa federalista. En Santa Inés, Zamora se impone al ejército centralista en una lucha sin cuartel.

Su intención de llegar a Caracas sigue intacta luego de batallar en tierras barinesas, sale camino a suelo capitalino pero en el transcurso decide hacer parada en San Carlos de Cojedes para hacerse con el dominio de la población. Luego de aquella toma, resuelve acampar y hacer vueltas de reconocimiento por el lugar conquistado, junto al para entonces muy joven Antonio Guzmán Blanco; es en este recorrido cuando un disparo con arma de fuego, impacta en su cabeza y le quita la vida.

Su inesperado asesinato por la vía de la traición, tras recibir una bala que salió de las propias filas que comandaba, deja el mando de la causa federal, a su cuñado y compañero de lucha Juan Crisóstomo Falcón, con quien Zamora compartía el liderazgo de la toma popular. Falcón, ya sin su sagaz par en los frentes de batalla, cae derrotado en Coplé y la Guerra Federal entra en una andanada sangrienta y desarticulada que no lograría su final objetivo.

El líder campesino, que estremeció a las fuerzas oligárquicas nacionales, era frenado físicamente; aunque no pudieron ni podrán, callar las luchas de igualdad y de justicia social. ¡Oligarcas Temblad! Hay Zamora para rato.

T: Samuel Clemente

F: José Manuel Peñalver